Para: Retos ilustradosCarta: Oscurismo
Tabla: Sangre, suicidio y muerte / Placer.
Fandom: Original / No sé qué poner aquí.
Sangre tibia.
Corrías por aquel desierto callejón.
Tus sandalias golpeaban el suelo con un sonido hueco, resonando ante el húmedo pavimento. Huías desesperada, tratando de no tropezar a causa de la lluvia, aferrándote al crucifijo que colgaba de tu cuello.
—¡Aléjate! —gritaste aterrada. Continuaste tu trayecto desesperada, sólo querías alejarte de aquello que te perseguía y acorralaba cada vez que creías encontrar la salida.
Corriste hasta la catedral de tu ciudad, refugiándote entre sus paredes empedradas y la decoración churrigueresca; por más que lo deseara él no te atraparía allí, o por lo menos eso creías… que equivocación la tuya.
Con una elegancia magistral atravesó las puertas de la iglesia. No mostró dolor ni contradicción cuando se postró frente a la imagen de cristo crucificado, sólo te sonrió con el deseo refulgiendo en sus ojos negros.
—¿Creyó que podría huir de mí, madame? —inquirió dando a conocer su acento francés. Retrocediste alarmada cuando mostró su dentadura blanca y afilada.
—¡No, aléjese! —gritaste y sujetaste la cruz que traías para protegerte. Al ver tal acto, tu perseguidor se relamió los labios en anticipación de algo que tú no permitirías.
Con agraciados movimientos se acercó a ti, hipnotizándote con esos enigmáticos ojos oscuros. Sin perder tiempo, colocó su pálida y fría mano sobre tu garganta. La sangre palpitó estruendosamente ante su gélido contacto.
—¡No! —replicaste pero era tarde. Sus blancos dientes se clavaron en tu cuello, destazado la piel y el músculo al contacto, bebiendo tu sangre tibia con devoción.
Él te arrancaba la vida con cada gota de su sangre que consumía, sangre tibia, sí y eso le causaba satisfacción. Tus párpados comenzaron a cerrarse a causa de la limitada actividad vital.
Morirías de manera indigna, en la casa de Dios y sin una gota de sangre en tu cuerpo. Así es regida la cadena alimenticia: La supervivencia del más fuerte, y en este caso, tú eras la pobre cebra y aquél hombre era el león… ¿Patético, no?
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Aquí el último reto de ésta tabla. Disfruten. Y no, esta vez fue mi idea, no la tuya, Emmanuel :P


