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domingo, 25 de julio de 2010

La Clameur Du Silence


La Clameur Du Silence

—Lo siento…

Y de todas las veces que lo has repetido, ésta es la que menos vale. ¿Lo sientes? ¿Realmente lo sientes?

Mentiroso —te respondo con todo el desdén que he contenido durante años de engaños, desplantes, durante horas de desesperación preguntándome dónde estabas, si te había ocurrido algo, suplicando por una llamada, deseando oír tu voz.

—Sarah, en verdad lo siento… estaba en una junta de negocios y por eso no atendí al celular en ese…

Lo corté de manera tajante.

—Y por eso no contestaste en toda la noche, ¡por Dios, Andrew! Ni siquiera volviste a tu casa. ¡No me salgas con la maldita excusa de no oí el teléfono o me quedé dormido!

—¡Pero te estoy diciendo la verdad!

Y entonces rompí en llanto. Los ojos me picaban al igual que las mejillas, sentí un horrible escozor en la garganta cuando comencé a sollozar, atragantándome, para después toser en un intento de calmar las arcadas que me producían las lágrimas.

—No me mientas, no te creo —te dije con la voz rasposa—, fui a buscarte a las ocho y no estabas, ¿a caso me dirás que el ama de llaves es una mentirosa? ¡Dime de una buena vez que cojones nos pasa!

—¡No nos pasa nada!

La realidad me golpeó con toda la crueldad que contenía… era verdad, no nos pasaba nada, no había nada más en esta relación.

Sollocé nuevamente, abrazándome con fuerza mientras enterraba las uñas en mis brazos provocando que hilillos de sangre resbalaran a través de la piel, manchando mi blusa blanca. El aire se sentía pesado, al igual que el dolor de mi pecho.

—Vete —mascullé.

—No me iré hasta que sepa que no estás molesta conmigo, no me iré hasta que me perdones.

Y cerré la puerta, dejándome caer en el piso mientras intentaba regresar lo poco que quedaba de mí, mientras trataba de reconstruirme y no quedarme como una madeja deshecha.

—¡Sarah, abre la puerta! —golpeaste insistentemente mientras las lágrimas brotaban incontrolablemente de mis ojos cafés—. Por favor —susurraste—, aun no es tarde… perdóname.

‘Mentiroso’ me repetí mentalmente, ya es muy tarde para arreglar las cosas, lo hubieras hecho en nuestro aniversario, el año pasado… o si realmente lo deseabas, lo hubieras hecho hace cuatro, en mi cumpleaños, en navidad.

Por más desesperado que sonaras, ese perdón estaba vacío, era vano y carente de sentido.

—Sarah, por favor… —suplicaste. Y lo ultimo que escuché después del último golpe que le diste a la puerta, fueron tus pasos antes de que todo se sumergiera en un amargo silencio. ¿No que no te irías?... Maldito mentiroso.

Y nunca pensé que el clamor del silencio fuera tan grande; pero a la vez tan placentero…

martes, 16 de marzo de 2010

The poet and the pendulum


The poet and the pendulum


El soñador y el vino.
El poeta que ha perdido su rima.



Y ahí está, sentado frente a su botella como todas las noches… tratando de recuperar los sueños que le fueron arrancados de las manos sin más explicación que el golpeteo de unos dedos sobre el gatillo y el sonido del disparo al impactarse —con certeza mortífera—, en el níveo cuello de ella.

Toma un trago y vuelve a sentirse miserable, deshecho, incompleto, solo y horrendamente vacío.

Trata desesperadamente de recordar cómo se siente crear emociones y no ser preso de ellas, intenta sin descanso escribir una sola línea, una palabra, un párrafo… lo que sea; mas sólo consigue obtener la necesidad de mojarse nuevamente los labios con alcohol y tirarse en el olvido hasta el amanecer.

El poeta ya no sueña, la vida ya no le causa deseos de vivirla, ahora las rimas sólo le dejan gusto a vino en la boca, sabor a vencido en los labios y se ha dado cuenta de algo: el poeta que ya no sueña, que ya no vive, el poeta que bebe y no duerme; aquél poeta que se ahoga en su dolor ha perdido su alma, ha perdido su rima… lo ha perdido todo.
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Bien, mi amada inspiración ha regresado... espero sea de su arado este relato xP (Y luego le pediré a uno de mis amigos llamado Nicolás, que me dibuje algo para ilustrar adecuadamente este relato ^^)

lunes, 15 de febrero de 2010

Ojos castaños

Ojos castaños

Tu mirada tan ingenua me conquistó desde el primer momento en que te vi. Unos ojos tan soñadores y tan únicos en un hombre... tan ingenuos para poder acoplarse a una personalidad tan extraña, juguetona, bromista; pero firme y testaruda.

—Hola —tú me dijiste un día y yo sólo guardé silencio. Como siempre, tímida hasta la muerte ante tu mirada inquisidora.

¿Qué es lo que tienes que me mantiene aferrada a ti? ¿Acaso son ese par de ojos castaños tan ingenuos y envolventes?

Carraspeo, ya es la tercera vez que no puedo responderte, la tercera vez que evito tu mirada y trato de lucir fuerte.

A mi mente regresa lo que hiciste hace unos cuantos días, cómo terminaste explotando por un comentario sin mala intensión y dejaste de halarme, comenzaste a evitarme y yo, tratando de ser fuerte fingí que todo estaba bien, que era feliz y tu idiferencia no me dañaba.

—Luz, ¿estás molesta? —y sus ojos me atravesaron, me dio tanto miedo que pudieras leer mis emociones, el que descubrieras a mis ojos gritándote 'te amo, no quiero que me dejes' a cada segundo que pasaba.

—No, Brian... claro q-que no —trastabillé un poco al llegar al final, rogando que no notaras mis mejillas sonrojadas ni mis ojos acuosos. Bajé la mirada incapaz de efrentarte sin tirarme a llorar.

En un solo instante las ganas de llorar desaparecieron cuando colocaste tu mano en mi cabeza desacomodando mis cabellos castaños, las lágrimas son reemplazadas por unos ojos confundidos y una sansación de mariposas en mi estómago.

—Cuando te sientas mejor saes que puedes contármelo —y con esas palabras junto a una sonrisa son los hoyuelos marcándose en tus mejillas te marchas, dejádome con el corazón saltando de alegría.

No puedo estar molesta, no cuando tu ingenuidad es tan notoria que terminas olvidando algunas cosas: El molesto eras tú, no yo.

Aunque la ingenuidad también tiene sus puntos malos; no te das cuenta de lo que todos saben. No notas que te quiero más de loque debería quererte, aunque para ser sincera... soy feliz con tus despistes, ya que sin ellos no te amaría tanto.

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Bueno Leoncete, Happy birthday. Sé que te gustan las historias románticas e hice mi mejor esfuerzo, aunque no quedó tan linda... espero te guste.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Lágrimas.




Carta: Tristeza.
Tabla: Dolor.
Fandom: Original.
Lágrimas
Ella siempre se mostraba imponente y feliz con su vestido de bodas. La sonrisa marcando sus finos labios rojos y las mejillas de porcelana llenas de rubor.

Hace veinte años, el cabello largo y ondulado se pintó de rojo para darle la bienvenida a un nuevo vestido con rubíes incrustados en sus pliegues, en las mangas y en el borde del corsé. Después de diez años más, fue cortado para que el nuevo vestido ceremonial se ciñera a su cuerpo luciendo un hermoso collar de perlas que el anterior corte no permitía mostrar.

Siempre feliz, y dándole alegría a todas esas futuras novias que, ilusionadas, la miraban para seguir su ejemplo y lucir bellas en ese precioso día; pero lamentablemente, no sería así por mucho tiempo.

Hoy, su cabello desgastado es sustituido por uno nuevo. Sus colores son cambiados para darle un aire más juvenil y encantador ante los ojos del público; los jefes han decidido que hoy será su último día en el área nupcial y será trasladada al departamento de ropa casual... le alejarán de lo que durante veinte años fue su vida.

Una lágrima resbala por su mejilla; pero, el encargado del nuevo arreglo, como todo ser humano, la ignora y sin saberlo, elimina todo rastro de ella: porque ante los ojos del hombre no siente, es solamente un maniquí más.

Una marioneta sin vida y sin corazón.
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Prometo que la tabla de tristeza será mi última depresiva —almenos eso espero—. He escrito mejores; pero ando en un tiempo de nueva mentalización.

miércoles, 10 de junio de 2009

Grande [Original]

Carta: Retos sueltos.
Tabla: Sólo una muñeca.
Fandom: Original.
Grande.

Melanie siempre fue una chica dulce y tierna, sobre todo cuando, a la edad de seis años, su padrino le regaló una muñeca de cabello rojo y bucles perfectos al igual que su pequeña carita de plástico y sus preciosos ojos verdes. Ellas eran como hermanas, a pesar de que ese juguete era plástico inanimado, la niña la trataba como si estuviera viva; adoraba cuando la gente decía que ella y su cabello rojo peinado en caireles se parecía mucho a su muñeca perfecta, por lo cual: si su dueña se vestía de azul… ¡adelante!, la pequeña muñeca no desentonaría y en poco tiempo tendría puesto un precioso vestido color celeste; sin embargo, la niña pequeña creció.

A pesar de que ella ahora tenía ocho años, seguía con su juguete en brazos. Amanda, así se llamaba su muñeca, ¡oh, su preciosa muñeca! Amaba arrancar las miradas de envidia de las chicas del colegio al tener tan magnífica obra de arte bajo su control… pero como era previsto, la niña siguió creciendo. A la edad de once años, su vida dio un giro drástico.

Ella seguía teniendo a Amanda y sus bucles rojizos como única compañía, no tenía amigas y jugaba siempre con esa muñeca, esa hermosa muñeca, esa estúpida muñeca. Su madre la encontró abstraída en su pequeño mundo perfecto, en donde su querida Amanda junto a ella jugarían por siempre. Eso a su progenitora la trastornó y un día terminó por decirle unas cuantas cosas; palabras sin sentido para cualquier persona normal, pero para su hija eran palabras hirientes.

—Melanie —dijo su madre con una voz firme—, deja esa muñeca.

Los ojos de la niña se desenfocaron, como si la mujer frente a ella acabara de cometer una blasfemia.

—Pero… pero, madre. Amanda y yo somos amigas —susurró con los ojos llenos de lágrimas—, las amigas no se abandonan.

—Maldición, Melanie. ¡Deja esa maldita muñeca!

Y Amanda salió volando de sus manos, rasgando su bonito vestido color azul y desacomodando sus cabellos rojos… ese juguete era sólo una muñeca inanimada, plástico que pronto se pudriría en el desagüe a pesar de los gritos de protesta de la pequeña. Esa maldita muñeca que tenía mas poder sobre toda niña pequeña que su propia madre.
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Eso fue lo que salió. Déjenme un suspiro al viento ^^

viernes, 29 de mayo de 2009

Inestabilidad emocional [Original]

Para: Retos ilustrados
Carta: Sólo para Originales.
Tabla: Abstinencia.
Fandom: Original / Soledad&Su instinto suicida.

Cinco semanas sin sexo.


Mis manos recorren mi vientre, topándose con las cicatrices aún resaltando sobre mi piel color crema.

¿Dónde y con quién estás? ¿Acaso estar conmigo no te resulta del todo satisfactorio?

Recorro con una suavidad pecaminosa, intentando desesperadamente imitar tu tacto áspero y frío, tratando de sentirme querida, deseada y amada.

Llevo cinco semanas sin sexo. Hace treinta y cinco días que no me tocas, que no me acaricias, que no me besas ni nos fundimos en uno solo… una eternidad para mí; y sin embargo aún supongo que es una alivio para tu mente y tu vida mantenerme alejada, evitar tener grabado en el cuello y la solapa de la camisa “Hoy me acosté con Soledad” cuando tu mujercita te armaba una escena de celos, debí suponerlo desde el inicio, sólo soy la otra.

Aquella que hace que disfrutes los placeres prohibidos, que te libra de la soledad cuando tu mujer ya no te soporta; aquella jovencita universitaria que mandó por el caño sus estudios por vivir una aventura con un hombre diez años mayor que ella… la inútil, la estúpida, la utilizada, la cualquiera.

Ya llevo cinco semanas soportando el tormento de no haber sido tocada por ningún hombre.

Sí, días interminables y noches de llanto infinito… treinta y cinco días de abandono y abstinencia de mi droga, de tu cuerpo… de ti.
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Aquí 'Cinco semanas sin sexo' Está muy extraño... pero no me apetece hablar de un tema de esta índole :P
¿Me dejan un suspiro al viento?

viernes, 22 de mayo de 2009

Mirar [Death Note]


Carta: Sensaciones.
Tabla: Funciones del cuerpo / Mirar.
Fandom: Death Note / MattMelloNear [Yaoi]
Mirar.
[NearMelloMatt]
Vistazos recurrentes, sus ojos lo buscaban cada vez que podían encontrarlo, intentando no mantener la mirada fija en un mismo lugar por demasiado tiempo… eso podía causarle problemas con su compañero de habitación. ‘Sí, claro’ pensó Mello mientras entre sus dientes una barra de chocolate se resquebrajaba dejando un halo de dulzura cuando se derritió dentro de su boca.

Entonces lo volvió a mirar.

—¡Oye, Mello! —se escuchó que Matt vociferó desde su cama mientras apagaba su videojuego—, ¿qué tanto miras?

Él sólo chasqueó la lengua en un gesto desdeñoso y lo miró con vergüenza bien disimulada. El pelirrojo lo había pescado mirando a Near todo el tiempo. Maldijo en voz relativamente baja a su suerte y clavó sus profundos ojos en el rostro de Matt.

—Nada —y volvió a mirarlo através de la ventana. Era extraño ver al pequeño chico de cabellos blancos en el patio. Se encontraba sentado bajo un frondoso árbol, y parecía estar bastante molesto.

Reprimió una sonora carcajada para evitar que su amigo siguiera con las preguntas. El ver a Near tan mosqueado en el patio, le hizo suponer que Roger seguramente lo reprendió por estar todo el día encerrado y no ‘socializar’ con los demás niños del orfanato; claro que Mello pensó que su rival lo que menos quería era hablar con alguno de los otros chicos de la Wammy’s house.

—Joder, Mello —volvió a gritar su compañero con impaciencia—, ¿qué mierda es lo que miras tanto?

Matt se levantó de golpe e intentó echar un vistazo por la ventana, lo cual Mello pretendió evitar. Con furia, el chico pelirrojo se rindió y fue a sentarse nuevamente a su cama, mirando con furia a su mejor amigo.

—Consíguete un psiquiatra, que eso de quedarte viendo ‘Nada’ por la ventana no es norma —musitó con furia y prendió nuevamente su consola portátil ignorándolo.

Mello no lo tomó mucho en cuenta y volvió a echar un vistazo a la ventana, antes de levantarse y caminar hacia la salida de la habitación. Le parecía muy tentadora la idea de molestar a Near mientras estaba enojado, la reacción que podría cruzar por su monótono rostro rogaba ser descubierta.

El rubio salió corriendo con una risilla mal disimulada, y Matt lo miró alejarse.

—¿Hasta cuando abrirás los ojos y dejarás de mirar a una persona que no te mirará jamás? —musitó y apagó la consola para dirigirse a la ventana. Fijó la vista en la figura de Mello y Near bajo aquél árbol... y lo miró, porque a pesar de que Matt no era el blanco de las miradas furtivas de su amigo, aún conservaba la esperanza de que por azares del destino, Mello dejara de observar a Near y lo mirara a él, sólo a él.
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Mi primer MattMelloNear, lamento si me sale algo OoC, no domino del todo a Matt :P Aquí uno de tus egalos, Fumiis ^^
Déjenme un suspiro al viento...

lunes, 13 de abril de 2009

Prólogo - Original [¿Conoce alguien el amor?]


Para: Retos ilustrados
Carta: Amor.
Tabla: ¿Conoce alguien el amor?
Fandom: Original / Janelle&Anthony.



Prólogo.


La distancia ahí se encontraba.

Lo miraste fijamente a los ojos mientras movías los labios pronunciando esas difíciles palabras, tal fue tu vergüenza que pensaste no haber dicho nada hasta que él te contestó.

—Claro, Jane —contestó y te sonrió amablemente. Algo en tu estómago se movió inquieto, haciendo que tuvieras un mal presentimiento. ‘Esto no va a terminar bien’ te dijo tu instinto, ‘Vamos, Jane. Lo sabes, no te engañes a ti misma’ Pero decidiste hacer oídos sordos a tu voz interna.

—Anthony —dijiste y tus mejillas palidecieron en una acción contraria al rubor que debía invadirte. Esa debía ser la reacción de una chica al declararse, ruborizarse hasta la raíz del cabello y ponerse a tartamudear.

Bajaste la cabeza dejando que tu cabello castaño cubriera tu rostro, deseando que fuera una barrera para protegerte de ese chico y evitar que te sintieras débil y desprotegida. Él esperó pacientemente a que agarraras valor y tú, respiraste para recuperar tu tranquilidad anterior.

—Jane, ¿estás bien? –te había preguntado preocupado al ver que el color no regresaba a tu rostro.

—Sí, tranquilo no tardaré —musitaste y respiraste una vez más para encararlo. Tus orbes color caramelo se enfrentaron a sus ojos color chocolate puro—, Anthony, sé que es precipitado; pero me gustas.

No te dijo nada. Aguardó un momento para adquirir el valor necesario y mirarte a la cara con ojos arrepentidos.

‘Te lo dije, no terminará bien’ tragaste en seco aguardando una respuesta positiva o el rechazo que te partiría en mil pedazos.

—Jane, lo sé. Que alguien te visite en el salón continuo cada hora no es común en una amiga normal… perdóname; pero no puedo corresponderte: tengo novia, lo lamento. Aún así, prometo que seguiremos siendo amigos.

‘Lo sabía, da la vuelta y vete’; sin embargo volviste a ignorar a tu conciencia. Con todas tus fuerzas volviste a sonreír, una sonrisa hipócrita… como tú. Reprimiste las ganas de llorar y controlaste la fragilidad de tu voz para evitar que echara a perder la puesta en escena.

Si algo sabías hacer bien, eso era fingir lo contrario a lo que sientes.

—Claro, seguiremos siendo amigos, como siempre, Anthony.

Pero eran palabra soltadas al azar, letras que olvidarías tan pronto como amaneciera y recordaras su rechazo y tu ineptitud, después de todo:

‘Si no te quiere como tú quieres que te quieran, ¿qué importa que te quieran?’1

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1.- Frase de Amado Nervo.

Bueno, no es tan expresivo como quiero y le faltaba el prólogo. Disfruten ^^

jueves, 9 de abril de 2009

¿Algo entre nosotros? - Naruto.


Carta: Retos sueltos.
Tabla: ¿Algo entre nosotros?
Fandom: Naruto [NejiTen]

¿Algo entre nosotros?

Sucedió tan rápido.

Intercambiamos una mirada y de pronto, él ya me tenía volando entre las nubes. Fue tan inesperado y drástico que no sé cómo sucedió, en tan sólo unos instantes ya me encontraba hipnotizada, aturdida y desorientada por una persona.

¿Acaso existe alguna explicación lógica para lo que siento?

No. Y si la hay, dudo poder encontrarla algún día. Me canso de soñar despierta y anhelar algo imposible, todo lo admirable que eres y lo patética que soy son totalmente incompatibles.

Aún sabiendo que nuestra naturaleza no se podía unir en una sola, sigo pensando que en algunos momentos mostraste aprecio por mí, necesidad de tenerme a tu lado y sentir que te apoyaba incondicionalmente. No eras la clase de chico que jugaba con su chica a besarse através de una pared. Tu silencio vale más que mil palabras, por lo menos para mí; eso me lleva a una duda existencial:

‘Neji, ¿hay algo entre nosotros?’

Algo que no sea compañerismo, camaradería, amistad… ese ‘algo’ que haga que mi existencia tenga aún más significado, que guíe mis pasos através del abismo, que me una más a ti.

Que me de seguridad, que me de esperanzas, porque eso eres tú para mí: la luz al final del túnel.

Mi vida, y mi razón de ser.
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Puaj, me quedó muy rosa. Sin más, disfruten y dejen pastelitos :P

miércoles, 1 de abril de 2009

Sangre tibia - Original.

Para: Retos ilustrados
Carta: Oscurismo
Tabla: Sangre, suicidio y muerte / Placer.
Fandom: Original / No sé qué poner aquí.



Sangre tibia.


Corrías por aquel desierto callejón.

Tus sandalias golpeaban el suelo con un sonido hueco, resonando ante el húmedo pavimento. Huías desesperada, tratando de no tropezar a causa de la lluvia, aferrándote al crucifijo que colgaba de tu cuello.

—¡Aléjate! —gritaste aterrada. Continuaste tu trayecto desesperada, sólo querías alejarte de aquello que te perseguía y acorralaba cada vez que creías encontrar la salida.

Corriste hasta la catedral de tu ciudad, refugiándote entre sus paredes empedradas y la decoración churrigueresca; por más que lo deseara él no te atraparía allí, o por lo menos eso creías… que equivocación la tuya.

Con una elegancia magistral atravesó las puertas de la iglesia. No mostró dolor ni contradicción cuando se postró frente a la imagen de cristo crucificado, sólo te sonrió con el deseo refulgiendo en sus ojos negros.

—¿Creyó que podría huir de mí, madame? —inquirió dando a conocer su acento francés. Retrocediste alarmada cuando mostró su dentadura blanca y afilada.

—¡No, aléjese! —gritaste y sujetaste la cruz que traías para protegerte. Al ver tal acto, tu perseguidor se relamió los labios en anticipación de algo que tú no permitirías.

Con agraciados movimientos se acercó a ti, hipnotizándote con esos enigmáticos ojos oscuros. Sin perder tiempo, colocó su pálida y fría mano sobre tu garganta. La sangre palpitó estruendosamente ante su gélido contacto.

—¡No! —replicaste pero era tarde. Sus blancos dientes se clavaron en tu cuello, destazado la piel y el músculo al contacto, bebiendo tu sangre tibia con devoción.

Él te arrancaba la vida con cada gota de su sangre que consumía, sangre tibia, sí y eso le causaba satisfacción. Tus párpados comenzaron a cerrarse a causa de la limitada actividad vital.

Morirías de manera indigna, en la casa de Dios y sin una gota de sangre en tu cuerpo. Así es regida la cadena alimenticia: La supervivencia del más fuerte, y en este caso, tú eras la pobre cebra y aquél hombre era el león… ¿Patético, no?

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Aquí el último reto de ésta tabla. Disfruten. Y no, esta vez fue mi idea, no la tuya, Emmanuel :P

martes, 31 de marzo de 2009

Placer - Original.


Carta: Oscurismo
Tabla: Sangre, suicidio y muerte / Placer.
Fandom: Original / No sé qué poner aquí.
Advertencias: Escenas de violencia explícita, extirpación de órganos de manera no tan detallada. Sensibles, go home.


Placer.


Sus gritos se ahogaban mientras hundías fieramente el cuchillo en su garganta, proporcionándole una estocada cada vez que intentaba huir.

‘Uno, dos, tres’ contabas mentalmente, sintiendo su débil cuerpecillo retorcerse por el sufrimiento, ‘Cuatro, cinco, seis’; pero a pesar de tantos cortes, aún seguía con vida.

‘Muérete de una buena vez’ —pensaste mientras en un impulso arrancaste sus cuerdas bucales. Una a una salían de su destazada garganta, agitándose como los resortes, con una textura tibia y flexible. Comenzaste a reír cuando la ultima fue arrancada de su cuerpo.

Aún no terminabas, ella debía sufrir al igual que su amante; sin embargo, agonizaría más que ese miserable. No le causarías una muerte rápida como a aquél, no coitarías su pecho y le arrancarías todas las vísceras que tenías a merced: ella merecía algo peor.

Seguiste palpando los restos de su garganta.

Ella tenía los ojos en blanco y la sangre salía a borbotones de sus labios, necesitabas apresurarte o su vida se consumiría mucho antes de que empezara la verdadera diversión. Con una sonrisa de placer introdujiste tu mano por su garganta, llegando a su boca y sujetando su lengua; la estiraste y jugueteando con el cuchillo la cortaste de tajo. No gritó.

Tu rostro se descompuso en una mueca de disgusto al no obtener la reacción deseada, necesitabas verla retorcerse en agonía, que gritara a pesar de no tener con qué emitir sonido alguno, no querías que se convulsionara de manera aburrida… Eso le quitaba la diversión.

Trasladaste el cuchillo a su pecho y rompiste sus ropas. Le sonreías ‘amablemente’ a ese rostro pálido y manchado en sangre, sin importarte que se acabara pronto, realizaste una incisión a la altura de las costillas.

—Ya se volvió aburrido —musitas con somnolencia. Tu juguete no reaccionaba como le decías, salió defectuoso y era mejor destruir la mercancía—, adiós… mi amore.

Clavaste con vehemencia le cuchillo y destrozaste la caja torácica. Te abriste paso entre los huesos astillados y comenzaste a arrancar todo lo que pudieras alcanzar.

‘Pulmones, estómago, hígado, corazón’ uno a uno los órganos vitales fueron extirpados con el sonido de tela rasgándose. La sangre se deslizaba entre tus manos como la misma gloria, causando en ti la reacción que provocaría el vino en un alcohólico, o el crack en un drogadicto.

Placer. Eso te causaba ver la vida de aquella esfumándose entre tus manos… Placer, un pecaminoso sentimiento de satisfacción se extendía por tu cuerpo al vengarte de la que te engañó: Placer, sí. Un placer enfermizo que palpitaba por tu torrente sanguíneo, el deseo de que pagara todas sus faltas, el deseo de que no volviera a burlarse de ti; por ello le arrancaste los labios cuando la vida la abandonó por completo, para que no volviera a sonreír con tal cinismo, para que sus labios fueran tuyos nada más.
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Seh, raro; sin embargo me gustó... ya saben, de 'pastelitos' me alimento :P

sábado, 28 de marzo de 2009

Eremofobia - Original.


Para: Retos ilustrados.
Carta: Sólo para originales.
Tabla: Miedos 1° y 2°
Fandom: Original / Melancolía.
La soledad te mata.
(Eremofobia)


Los sonidos eran terroríficos.

Incluso el sonido de las ramas golpear contra el cristal te asustaba. No estaba a tu madre, tu hermano había salido con sus amigos, y tu padre… tu padre lo más seguro es que esté revolcándose con otra de sus mujeres.

No había nadie en ese solitario y lúgubre lugar, sólo te encontrabas tú.

Abandonado en la inmensidad de la habitación, con las luces apagadas y una interminable falta de sonidos.

Oh, hermosa soledad que te carcome el alma lentamente. Incentivándote a llegar lentamente a la demencia, asechándote y llenándote de una sensación interminable de vacío… Así se siente la soledad: vacía, seca, muerta. Te quita las ganas de seguir viviendo.

Te llena de ganas de arrancarte los tímpanos, los ojos y cada nervio de tu cuerpo para dejar de sentir. Por eso dicen que la soledad te mata, porque no te deja respirar tranquilo, no te deja dormir… no te deja vivir.
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Y con este relato termino mis fobias :3 Disfruten.
Dedicada a Emmanuel Montiel Martínez por darme las ideas... (¡Ya está! ¿Contento, Emm? ¬¬)

Epistemofobia - Original.


Carta: Sólo para originales.
Tabla: Miedos 1° y 2°
Fandom: Original / Melancolía.
Epistemofobia.
(Miedo al conocimiento)


Todos canturrearon a coro mientras te rodeaban. Comenzaron a darte palmaditas en la espalda, tirarte de los cabellos y arrojarte cosas.

—El sabiondito —dijeron todos juntos y siguieron dando vueltas como en un carrusel, mareándote y atosigándote con burlas sin fundamento—, nerd, nerd.

Nerd. El más inteligente de la clase, también en más marginado por sus compañeros sin razón aparente. Pero bien sabías que te odiaban por ser un sabelotodo. Esa era la razón por la cual aborrecías estudiar, tener un mísero libro sobre las manos; te aterraba saber más de lo que ya conocías.

Le tenías miedo al conocimiento.

Siempre respondías a las preguntas que te hacía la maestra con una autosuficiencia magistral; pero sabías que te atenías al desprecio y maltrato de los demás alumnos después de clases. Por eso intentabas no pensar, no concebir ningún indicio de nuevos conocimientos, volverte estúpido; más estúpido de lo que eras.

—¡Basta! —gritaste con los ojos inundados en lágrimas. Uno de los niños que estaba a tu alrededor contestó con sorna:

—Además de nerd, cobarde — y te golpeó el rostro. Siempre odiaste ser marginado, odiaste ser inteligente… odiaste el conocimiento.

Y no lo dejarías de hacer, porque el conocimiento sólo llevó desdicha a tu vida.
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Aquí uno de los últimos. Me apuraré para terminar la tabla.
Dedicada a Emmanuel Montiel Martínez por darme las ideas... (¡Ya está! ¿Contento, Emm? ¬¬)

Hamartofobia - Original.


Para: Retos ilustrados.
Carta: Sólo para originales.
Tabla: Miedos 1° y 2°
Fandom: Original / Melancolía.


Miedo al pecado.


Te postraste ante la imagen de cristo y rezaste con más ímpetu que nunca.

—Por favor, señor —musitaste comenzando a temblar. Habías pecado vilmente, negando el nombre de Dios, blasfemando contra su divinidad y pureza—, perdona mis pecados.

Sí, que los perdone, de otro modo te consumirías en las llamas del infierno eternamente. Le temías al pecado, a la ira de Dios y a la interrupción del descanso eterno que te esperaba en el paraíso. No querías descansar en una tumba cubierta por la nieve y ser olvidado entre sus gélidos y esponjosos copos.

—Padre nuestro que estás en los cielos —musitaste con el rosario entre tus manos y apretando firmemente sus pequeñas piedrillas entre tus dedos. Eras capaz de rezar durante lo que te restaba de vida por tener asegurado el paraíso.

Estúpido y falso, eso es lo que eras. Siempre te inculcaron la religión como una regla, y los pecados eran una blasfemia que no tenía perdón en tu familia. Pecabas y eras azotado por tu padre, pecabas y tu madre te abofeteaba.

El pecado era la perdición del hombre, por ello te purificabas: Te daba pánico y terror recibir el castigo terrenal; pero… ¿Y el castigo divino?

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Sí, no soy buena en estos temas :P

Dedicada a Emmanuel Montiel Martínez por darme las ideas... (¡Ya está! ¿Contento, Emm? ¬¬)

Es un fulgor que te hace cegar - Original.



Para: Retos ilustrados.
Carta: Amor.
Tabla: ¿Conoce alguien el amor?
Fandom: Original / Melancolía.
Capítulo1:
Hipocresía.


¿Qué es el amor? Sólo tengo una estúpida respuesta… Es un fulgor que te hace cegar.

Incluso, a pesar de los años lo seguías amando. Te daban ganas de arrancarte el corazón y pisotearlo hasta hacerlo polvo, con la posibilidad de que dejara de latir… que dejara de quemarte cada vez que lo veías.

—No lloraré —te repetiste mientras hacías tus maletas. Te marchabas como la cobarde que eras, sólo que ahora eras una cobarde de diecisiete años, no de catorce. Apretaste firmemente tu gabardina negra, protegiéndote del frío e intentando con esa acción evitar las lágrimas—, el olvido es el mejor amigo de una mujer.

‘Sí, porque me cansé de esperar una respuesta positiva, de amarte como te amo. Ya estoy harta, no quiero sufrir más’

Observaste por última vez tu habitación vacía, antes la ocupabas junto a tu hermana, ahora era sólo un cuarto con dos camas en desuso. Añorabas tu infancia y la despreocupación, no tener que lamentarte por los errores del pasado y no soportar el deseo de cambiar el pasado y amordazarte cuando abriste la boca.

“Sé que es precipitado; pero me gustas” era más que precipitado, era estúpido y tú simplemente te guiaste por tontos presentimientos sin un fundamento sólido. Él era todo un caballero y te rechazó de la manera más cortés posible “Lo sé, que alguien te visite en el salón continuo cada hora no es común en una amiga normal… perdóname; pero no puedo corresponderte: tengo novia, lo lamento. Aún así, prometo que seguiremos siendo amigos”

Amigos.

No podrías ser su amiga nunca más, lo sabías; aún así sonreías tragándote el dolor y aceptando tener solamente su amistad. Eras una hipócrita, nunca llorarías por cosas tan nimias, tampoco te enamorarías nunca más: el amor no es un lujo que pueda darse cualquier persona.

—Esperaré a que el tiempo borre todas las heridas, que elimine mi sufrimiento y tu recuerdo de mi mente —dejaste como un susurro al viento. Te lo prometías firmemente, más hoy que era tu último día en esa escuela, no permitirías que te vieran triste.

Caminaste hasta llegar a la cochera y permitir que tu padre te llevara por última vez a la escuela. Ese día sería perfecto, a pesar de estar rota por dentro no lo demostrarías.

El recorrido no fue muy largo, sólo cinco minutos de tortuoso silencio y desesperación. Te hundiste en reflexiones sobre lo que sucedería: era el último día que lo verías, todos tomaron un camino distinto y lo más probable es que fuera una ruptura limpia, sin dolor y sin lágrimas; sin la necesidad de llorar frente a él y decirle que lo amabas. Ya no eras una niña.

—Ya llegamos —musitó tu padre y te sonrió—, suerte en tu último día.

Sí, con suerte todo sucediera según lo acordado. No llorarías nunca más.

—¡Janelle! —gritaron y tu volteaste con la sonrisa de muñeca de porcelana más realista que encontraste. Pero no era nada realista en tus ojos color café opaco, aquellos orbes que perdieron su peculiar brillo y ahora eran más fríos que el hielo—, apresúrate que hoy es el último día. No quieres perderte de nada.

Sí, querías perderte de todo; pero no porque no desearas despedirte de tus amigos: no deseabas verlo por última vez, querías evitarlo y que el dolor en tu pecho no resultara tan atronador. Tarde. Pasaron por su salón y todo lo que hiciste fue mirar hacia delante, con la frente en alto y evitando cualquier indicio de sufrimiento en tus facciones. Lo odiabas discretamente.

—¡Jane! —saludó tu mejor amiga, perdiendo su expresión alegre cuando observó tu mirada—, olvídalo. Él no te merece.

No, ella estaba errada. no lo merecías, no merecías nada.

—No estoy triste por… él —respondiste con un tono despectivo al pronunciar la última palabra—, estoy triste por tener que abandonar éste lugar.

Mentirosa. Eso eras, una vil mentirosa; experta en manipular a otros con el único propósito de evitar la lástima. Eres buena escuchando, pero mala diciendo tus penas, tragándotelas tú sola.

—Por lo menos asistiremos a la misma facultad —musitó a tu lado. Giraste rápidamente ante su tono melancólico, te sorprendiste ante sus ojos color miel inundados en lágrimas… por más voluble que fueras no podías resistir la presión de ver a alguien llorar.

—Lo lamento —dijiste y la abrazaste. Tus ojos se inundaron en lágrimas tratando de expulsar la frustración en un intento desesperado.

‘El amor no vale la pena. Si lo vives sufres, si no lo tienes te ahogas en pena, entonces… ¿Cuál es la opción correcta?, ¿ignorarlo o abrirle las puertas de tu corazón?
Es una duda existencia; sin embargo, espero de todo corazón no tener que elegir un camino en especial, no cuando ambas opciones son igualmente tentadoras. Por el momento sólo digo… basta, quiero quitarme la venda de los ojos y comenzar a caminar con seguridad nuevamente. No quiero quedarme ciega; pero sobre todo: no quiero quedarme atrapada entre el amor y la soledad’

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Bah, me gustó el relato. Será un long-fic de 5 capítulos, disfruten ^^


viernes, 27 de marzo de 2009

Autofobia - Original.


Para: Retos ilustrados.
Carta: Sólo para originales.
Tabla: Miedos 1° y 2°
Fandom: Original / Melancolía.
Autofobia.
(Miedo a ti mismo)


La codependencia era adictiva.

Él salía al traspatio y tú lo seguías cual perrito faldero, besando el piso donde caminaba, soportando sus infidelidades y desplantes: No te dabas tu lugar. Siempre en la cocina “Como buena señora” hubiera dicho tu marido. Sí, una buena señora, una estúpida señora.

—¿Llegaste a casa, cariño? —preguntabas cuando él te buscaba en la cocina. Nunca te dejaba sola a menos que se fuera con una que otra mujerzuela, o que se viera con sus amigos para ponerse ebrio y llegar a la casa: acusándote de infiel, te golpeaba y soltaba una sarta de blasfemias en tu contra.

—Sí —fue su estoica respuesta. Apretaste tu blusa rosada y lo encaraste con una bella sonrisa, tratando de aligerar la tensión creciente que había entre los dos.

A pesar de todos lo indicios, eras una fiel seguidora del patético ‘pégame, pero no me dejes’ Nunca impusiste tu palabra porque te aterraba que él te dejara a un lado.

—Marianne —dijo con voz ronca y te miró profundamente. Eso te dio un mal presentimiento, nunca en la vida que llevaron juntos lo habías visto tan…serio—, quiero el divorcio.

De la sorpresa te quedaste pasmada y comenzaste a temblar. Él te dejaría, no eran suposiciones erradas: permitiste que te manejara a su antojo para recibir como pago la indiferencia, no era justo.

—No —musitaste y corriste a abrazarlo—, por favor… no me dejes.

No querías estar sola, te temías irremediablemente a ti misma y necesitabas que alguien te protegiera; sin embargo nada podías hacer. Su decisión fue tomada y te dejaría sola.
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Bueno, no me gustó del todo. Dejen pastelitos.
Dedicada a Emmanuel Montiel Martínez por darme las ideas... (¡Ya está! ¿Contento, Emm? ¬¬)

jueves, 26 de marzo de 2009

Tanatofobia - Original.


Carta: Sólo para originales.
Tabla: Miedos 1° y 2°
Fandom: Original / Melancolía.


Miedo a morir.


Observaste la tumba blanca. Era de un aspecto tan perfecto y a la vez perturbador: Tan cálida y pacífica que envidiabas al que se encontraba dentro.

Pero la muerte aún no tocaba a tu puerta, y estabas eternamente agradecido por ello. La muerte no sería bienvenida en tu umbral. Era signo de soledad, amargura, falsedad… la muerte es la nada.

Una nada que no aceptarías jamás. Porque la muerte trae desgracias y lágrimas, llanto, separaciones. Corta los lazos de una familia, haciendo que los hijos se separen, o que los padres nunca vuelvan a estar juntos.

La muerte te lo quitó todo.

—Laila —musitas y deshaces entre tus manos una rosa roja. Ella amaba ver los pétalos caer; sin embargo nunca más volvería a deleitarse con esos vivos colores rojos, porque estaba muerta. Ese ente despiadado la arrancó de tus manos en el momento en el que más la necesitabas, justo cuando formarían una familia y el primer capítulo de su historia comenzaría a plasmarse en el pergamino de tus recuerdos.

La muerte es despiadada. Primero se te otorga todo, después te lo arrebatan de las manos, matándote lentamente. La muerte es horrenda, es aterradora.

A pesar de ello, le debes muchas cosas. Aún así, la muerte siempre será aquella alma vestida de diferentes formas, con diferentes rostros y circunstancias. Te perseguiría hasta que tu línea de vida se termine, hasta que las Moiras decidieran que tu vida culminaba. No dejarías que te arrancara nada más, no volverías a sufrir por su causa.

La muerte te hizo y deshizo a su antojo; pero tú la burlarías las veces que sean necesarias para evitar tu peor temor… Enfrentarla nuevamente cara a cara.

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Bah, la inspiración llama :3 Espero terminarlas antes de ser asesinada por mis padres o por un ratón radioactivo, lo que ocurra primero.
Dedicada a Emmanuel Montiel Martínez por darme las ideas... (¡Ya está! ¿Contento, Emm? ¬¬)

Claustrofobia - Original.


Para: Retos ilustrados.
Carta: Sólo para originales.
Tabla: Miedos 1° y 2°
Fandom: Original / Melancolía.

Claustrofobia.
(Miedo a los lugares cerrados)



No era divertido.

—Cassidy —llamaste sin recibir respuesta. Sólo habías salido unos minutos al sótano; pero no contabas con que te encerrarían con llave en aquel lúgubre lugar —, no me gustan las bromas.

Sólo escuchaste sus risitas sofocadas al otro lado de la puerta, mofándose de tu situación.

—¡No es divertido! —gritaste y comenzaste a temblar. Las paredes se mostraron aún más densas de lo que eran cuando trataste de abrir la puerta y la encontraste cerrada.

Casi entras en un ataque de pánico al no encontrar salida. Las paredes te parecen más estrechas, y el aire se vuelve pesado: No tenías escapatoria. Corriste a golpear con todas tus fuerzas la puerta y gritaste desesperada, no deseabas estar allí. Te aterraba el no encontrar salida ante ese encierro.

Te dejaba vulnerable, indefensa ante aquellas paredes que te aprisionaban.

—Cassidy, ¡déjame salir! —las paredes se hacían más angostas cada segundo que pasaba y tu provisión de oxígeno se agotaba alarmantemente rápido. Necesitabas salir de allí y sentir la libertad de los espacios libres. Odiabas los lugares cerrados, tan angostos que parecía que nunca saldrías de ellos; le tenías miedo a los lugares cerrados.

—Cass… por favor, ya no juegues —tenías la frente empapada en sudor y tus manos temblaban incontrolablemente. Te costaba respirar. No aguantaste más, caíste al suelo produciendo un ruido sordo, perdiendo la conciencia. No reparaste en el momento en el cual la puerta se abrió, ni siquiera escuchaste los gritos de pánico de Cassidy cuando te encontró inconciente y temblando de pánico.

Sólo sabías que necesitabas escapar.

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La repetición del verbo "necesitar" es intencionada, deseaba ponerlo como una necesidad, no un deseo. Espero les guste :3
Dedicada a Emmanuel Montiel Martínez por darme las ideas... (¡Ya está! ¿Contento, Emm? ¬¬)

Hafefobia - Original.


Carta: Sólo para originales.
Tabla: Miedos 1° y 2°
Fandom: Original / Melancolía.
Advertencias: Incesto y leve lime.


Hafefobia.
(Miedo a ser tocado)


Tus manos se aferraron a tu torso desnudo. No querías que tocara ni un solo centímetro de tu piel; pero al parecer él si lo haría, en sus ojos se mostraba el deseo y las ganas de acariciar todo lo que estuviera a su alcance.

—Tranquila —dijo con voz ronca y sus manos presionaron tus pezones haciendo que comenzaras a hiperventilar y tiritaras de pánico.

Tienes miedo a ser tocada. Tratas de desprenderte de aquél cuerpo que te aprisiona, no puedes hacerlo ya que él es más fuerte y más grande.

—¡Suéltame! —gritas desesperada mientras intentas sacar las muñecas de entre sus manos. Él vuelve a dedicarte una mueca de deseo y decisión, no te dejará escapar—, somos primos… no es correcto.

No hacía falta nada más. Comenzaste a sollozar mientras hacías un esfuerzo desesperado por liberarte. Él, sin perder nada de tiempo, acarició con la lengua el lóbulo de tu oreja, tratando en un intento desesperado que tú también te excitaras. No funciona; pero tus sollozos se hacen aún más intensos cuando frota su palpitante entrepierna contra la tuya.

Gritas. No te importa perder el pudor y el respeto de tus tíos: eso es mil veces mejor a ser corrompida por tu propia sangre. No serías utilizada para satisfacer sus necesidades más bajas.

—¡Ayuda! —gritas y el simplemente cubre tu boca con la suya. Lloras y comienzas a patalear, sofocándote por el esfuerzo de gritar y escapar al mismo tiempo. No tenías salida, ni una posible escapatoria para huir de tu propia sangre, de tu familia… de tu primo.

Estabas atrapada y aterrada… ¿qué podría más?, ¿el deseo o el miedo? Lo sabías perfectamente, preferirías mil veces morir a ser ultrajada de ese modo.

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miércoles, 25 de marzo de 2009

Algofobia - Originales.

Para: Retos ilustrados.
Carta: Sólo para originales.
Tabla: Miedos 1° y 2°
Fandom: Original / Melancolía.


Algofobia.
(Miedo al dolor)


Abrazaste tus rodillas y te acurrucaste como una chiquilla, meciéndote en un fallido intento de encontrar consuelo.
—¡Sal! —gritaron del otro lado de la habitación y comenzaste a llorar incontrolablemente—, ¡maldita sea, no te podrás esconder todo el tiempo!

Y el estruendoso sonido de la puerta cayendo sobre el suelo te hizo temblar de pánico. Gritaste y gateaste hasta ocultarte bajo tu cama, tu padrastro no te podría alcanzar allí, no te haría daño como a tu madre: no te dejaría tirada en el suelo, desmallada después del tremendo golpe que atestó en su cabeza; tampoco te llamaría zorra ni te pegaría un bofetón.

—¡Vete! —gritaste y te alejaste de ese tipo. No te pondría ni un solo dedo encima, no te lastimaría y tampoco te causaría dolor… No.

Te aterraba el ser sólo una pequeña niña, vulnerable y frágil; no poder defenderte de tu cruel destino y marginación. Gateaste hasta acurrucarte en una esquina inaccesible y comenzaste a sollozar. ÉL lastimó a tu madre causándole un dolor inigualable, a ti no te haría lo mismo: No te tocaría ni un solo pelo, le tenías miedo a sufrir, a sentir tal dolor que murieras ahogada en llanto, en silencio; sin que nadie te recordara y con el punzante recuerdo de que sufriste horriblemente antes de cerrar los ojos.

—Maldita zorra —gritó y te tomó de los cabellos—, no cabe duda que eres igual a tu madre.

Te abofeteó y comenzaste a llorar mientras la sangre salía a borbotones entre tus labios. Te dolía más que cualquier otra cosa, no podías gritar y te ahogabas en un dolor agonizante.


El dolor te consumía, te asesinaba… te aterraba. El dolor no te dejaría vivir, te quitaría la capacidad de sentir algo más. El dolor te consumiría; pero tú no podrías ni podrás evitarlo.

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Bah, pronto empezarán los depresivos *observa sus relatos faltantes*

Dedicada a Emmanuel Montiel Martínez por darme las ideas... (¡Ya está! ¿Contento, Emm? ¬¬)